
Remiendo la llaga que nace
de la extensa benevolencia,
donde parten de oleaje escrito
mis aguerridos retazos de conciencia.
Retuerzo mi vientre heredado,
latiendo en cada pulso,
la tormenta tatuada
de un cuerpo etéreo, avezado, sucio.
Es mi furia el parpadeo abrazado,
la unificación de la simple palabra,
extendida y miserable cotidianidad
de mi letargo infinito.
Secuestro mis versos,
como ventisca aferrada a sus ramas,
y tiento a mi alma
al abismo efímero del equilibrio.
Presuntamente...
ALMA

