
Desde mi ventana miro al exterior
y mi respiración en los cristales
empañan el difuso paisaje,
dibujando en ellos y en mi horizonte,
todo lo que se añora y se recuerda,
se anhela y se desea...
Dibujo en mis pensamientos nuestras siluetas desnudas,
una penumbra consentida envolviendo la habitación,
iluminada solamente por el brillo de tus ojos,
cegando los míos,
y me siento frágil ante tu inmenso mar,
inundándome de belleza mis sentidos,
envolviendo de lujuria mi cuerpo.
En tu intento de nombrarme,
mis dedos acarician tus labios
sellando para siempre mi nombre en tu alma,
solo mis manos guiando las tuyas
como el lazarillo a su ciego,
enroscan mi cuerpo,
las marcas de tu rastro sobre mi piel.
El ángel convence al demonio
de su locura eterna,
sometiéndome a tu voluntad
para sufrir tus besos,
dejándome morir en tu boca...
reteniendo el sabor de tu aliento
en el cristal frío de mi sedienta lengua.
Siento tu respiración en mi vientre
bajando como las olas
llegando a su orilla llena de espuma,
rebelde,
traviesa,
caracoleando cada rincón oscuro de mi piel.
Me falta el aire...
Queriéndote retener dentro de mi
dejo de respirar
para dar paso al susurro profundo de mi deseo,
¡ hazme tuya....¡
como el maestro fundiendo el cristal
dando forma a su objeto mas valioso,
delicado,
frágil,
pero fuerte y eterno.
Siento como me elevo
y el tiempo me lleva a tus brazos y a ti a los míos,
los dos...
tras ese cristal empañado por nuestra respiración.
Solo el ring de la llamada de teléfono
despierta mi letargo,
miro atrás buscando el sonido que me despierta,
volviendo en si,
y me giro mirando el cristal
buscándote en el horizonte,
pero...ya te has ido.
Todos los sentidos se ocultan de nuevo
para aparcarte en la oscuridad de mi memoria
y acudo a mi monótona realidad,
no sin antes gritar en mis silencios
cuanto te amo.
¡ TE AMO...¡
ALMA