
... corría tanto calle abajo que la falda del vestido era sinónimo de mis alas a punto de despegar, pensé por un instante que mis zapatos casi se alzaban del suelo, eran color ocre, con tacón circular y de altura media, anudados por un lazo beige al tobillo, apenas los sentía bajo mis pies. Casi al doblar la esquina mis manos tocaron el suelo, me pareció tan lejos el muelle y la orilla que sentí que desfallecía en el trayecto, eran solo un par de calles las que me separaban y sin embargo fue interminable el camino, se hizo eterno mi vuelo hasta ti.
Mi corazón jadeaba de alegría cuando a través de mi ventana escuché la conversación de aquellos hombres en la calle, anunciaban la llegada a puerto de tu barco, fue entonces cuando tiré al suelo todo lo que mantenía en mis manos y sin escuchar el grito de mi madre, salí corriendo calle abajo, corrí y corrí como nunca. En el trayecto las emociones se agolpaban en mi pecho, reí y lloré al mismo tiempo sin remedio, pensarte cerca, a dos pasos de mi..., volverte a ver de nuevo, hacia que retornara a mi alma pequeños flashes, fotogramas pasando por mi cabeza en segundos y que aun hoy recordarlo, después de tantos años, sigo emocionándome sin evitar las lágrimas.
Solo un poco mas, solo unos pasos...
Me escondí detrás de unas cajas de madera, refugiándome y tomando aliento tras mis ansias, alcé la vista y allí estaba majestuoso e imponente el barco, era enorme pero a pesar de ello mis ojos lo recorrieron veloces buscándote desesperadamente.
Se paró el tiempo, ahí estabas... y mis ojos se llenaron de lágrimas, derramándose como lenta y fina lluvia sobre el campo de mi rostro, veniéndose a ahogar entre la sonrisa que mis labios dibujaban al mirarte, entonces cerré los ojos y le di gracias a Dios por devolverte a casa.
Tu pelo negro y bastante mas largo, ondeaba el cielo, la brisa acariciaba tus ondas, me detuve y aspiré tu viento, te observé, te besé, te acuné desde mi refugio en mi pecho. Varias veces te giraste intuyendo mi presencia, pero no quería romper mi momento, mi instante a solas contigo, sabias que estaba allí, me sentías cerca.
Dios... tus ojos, ese único espejo que mi alma ve, tus manos, únicas llaves de mis puertas.
Me alimenté de tu ser y llené a mis entrañas de tu llegada, me llené de ti.
Salí de mi escondite y mientras recomponía sin remedio mi vestido, sentí tu respiración insolente y hábil en mi cuello.
- Ni en el mismísimo infierno habrá límite para este marinero, mis labios sedientos, seguiran bebiendo de los tuyos, tu esencia... sin remedio.
Cerré los ojos hipnotizada de tu voz y tus palabras, elevando mi espíritu a su primitivo y único origen.
ALMA